Una exposición del mensaje de Dios ".......para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia......." a toda persona que desee ponerse, humildemente, a los pies de Dios para conocerlo, experimentar el perdón de sus pecados, convertirse en su hijo y gozar las bondades de su salvación esperando su retorno.

martes, 23 de marzo de 2010

Son traidas a la luz



Salmos 93: “.......Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo, y no se moverá. Firme es tu trono desde entonces; Tú eres eternamente. Alzaron los ríos, oh Jehová, Los ríos alzaron su sonido; Alzaron los ríos sus ondas. Jehová en las alturas es más poderoso Que el estruendo de las muchas aguas, Más que las recias ondas del mar. Tus testimonios son muy firmes; La santidad conviene a tu casa, Oh Jehová, por los siglos y para siempre.......” Escribir sobre la majestad de Jehová requiere del auxilio del Espíritu Santo y el Espíritu Santo se manifestará en nosotros en la medida en que nosotros abramos nuestro corazón a Él. Mientras más predispuestos estemos en entablar una relación con Dios, más se manifestará su Espíritu en nosotros y podremos prorrumpir espontáneamente en alabanzas hablando de su majestuosidad eterna.


En este Salmo se nos habla, primeramente, que “…….Jehová reina…….”; es un hecho consumado y establecido, sin lugar a dudas y, si reina, es también nuestro Rey y nosotros sus súbditos. Cuando se dice que “…….se vistió de magnificencia…….” y lo creemos, también le atribuimos la potestad de su superioridad por encima de toda criatura. A Él nadie lo vistió de magnificencia; Él solo se vistió con su poder, “…….se ciñó de poder…….” Y junto con eso y muchas cosas más, “…….Afirmó también el mundo…….” Y Él es el único que lo puede mover. La firmeza de su trono es inescrutable, inconmovible. Nadie ha podido moverlo de ahí ni nadie podrá hacerlo, porque entonces no sería Dios. Él es eterno, no ha tenido un principio y, por lo tanto, no tendrá un fin. Absolutamente todo lo contrario de nosotros, quienes hemos nacido y tendremos un fin.


El salmista evoca a los ríos como manifestación de su poder porque, todos sabemos que los mismos no pueden ser detenidos por ninguna presa, por más pequeño que sea su cauce. Siempre los ríos se desbordarán y, aunque así lo hagan, ninguna manifestación extraordinaria de la naturaleza puede evocar el poder de Jehová. Él es más poderoso que todo el poder del universo. “…….Tus testimonios son muy firmes…….” Tan firmes son que prevalecen desde el inicio de la historia de la humanidad y nadie ha podido ni podrá cambiarlos. La santidad de Dios es el sino de su cometido y el estatuto de su casa, de su estadía del lugar en donde los santificados por la sangre de Cristo estamos. Él es nuestra esperanza de vida eterna, el regocijo de nuestro espíritu, el cometido de nuestra vida, la garantía de nuestra santidad y salvación. Bendito sea Dios por los siglos de los siglos…….


Si tuviéramos, todos nosotros, la oportunidad de declamar a una las excelsitudes de nuestro Dios; ni la pluma más ligera, ni el poeta más encumbrado, ni el compositor más inspirado pudieran nunca describir la verdadera apoteosis de nuestro Dios. Es tan grande su magnificencia que una retahíla de alabanzas eternas, de todos los seres vivientes, no lo pudieran describir en toda su magnitud y qué bueno que así sea, que bueno que Dios sea tan grande y magnifico que no lo podamos describir en toda su inmensidad. La plenitud de gloria que Dios tiene nos anonada, nos intimida y también nos regocija porque podemos decir, con orgullo: “.......ese es nuestro Dios.......” Cómo no confiar en Él, cómo no tener la seguridad de su protección, cómo no admirarnos de su poder, de su gloria y de su majestad. Cuán culpables, también, se hacen quienes desprecian aquel señorío de Dios, prefiriendo los recovecos y los intríngulis del pecado.


Cuando cualquier hombre establece, en su conciencia, que Dios es el que reina en el universo conocido y por conocer, y lo hace de manera absoluta, sin que quede duda de su supremacía en todos los estamentos de la vida y no atribuye despropósito alguno a todos sus designios; el tal hombre se constituye como su hijo, aceptando todos sus designios y rendiéndole pleitesía como el que más. Ya sabemos que habían gentiles que hacían por naturaleza lo que era de la ley  y aunque no tenían ley, por causa de su buen razonamiento o su mal razonamiento, serán juzgados, y estos los defenderán o los acusaran (Romanos 2:14-16). Del mismo modo todo aquel que, sin comulgar con los cristianos, razona hasta mejor que algunos cristianos, también serán juzgados por esos razonamientos. Lo más lógico y normal es que, todo aquel que hace cosas buenas, por naturaleza, escuchando la voz de Dios en su corazón, finalmente comulgará con los cristianos. No así el que mal actua.


No es recomendable que el hombre ande solo por el mundo sin tener comunión con los de su estirpe y es por eso que Dios, por medio de Jesucristo, estableció su Iglesia y a ella se han sumado todos los que bien, en Él hemos creído. Las revelaciones de Dios acuden al hombre en la medida en que este medita en su palabra. Es importante y necesario someterse al dictado de Dios en el corazón, pero tanto, o más importante, lo es también ponerse a los pies de quien maneja la Palabra con mayor autoridad; gente docta, dentro de la Iglesia de Cristo, hermanos que manejan los recursos espirituales con mayor habilidad de lo que lo hacen los neófitos. En todo caso y por lo menos, debemos estudiar, por nosotros mismos, las profundidades insondables de Dios y compartir nuestros alcances para que nuestra interpretación no sea privada (2 Pedro 1:20: “.......entendiendo primero esto, que ninguna profecía -entiéndase profecía como enseñanza también- de la Escritura es de interpretación privada). Si es el caso que nos deslumbramos con su poder y magnificencia; ¿Cuánto más lo haríamos si empezamos a escudriñar sus escrituras para conocerlo más y mejor?


Los recursos modernos con los que contamos hacen que nos maravillemos más y más de la creación. En los últimos años hemos sido sorprendidos por las imágenes más extraordinarias de las profundidades del cielo y las profundidades del mar también son traídas a la luz. Lo peor de todo es que hay quienes se hacen más necios en sus pensamientos porque, teniendo tan abrumadoras pruebas de su gloria y su poder, se empecinan en seguir negando su existencia elucubrando las más disimiles teorías sobre la fundación del mundo y el universo, las cuales cambian a su regalado gusto cuando Dios les muestra otra “perlita” que trae a bajo todo lo que teorizaron hasta ahí. Bien le dijo Pablito a Timoteo en 1 Timoteo 6:20: “.......Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia.......” Los quiero mucho. Que Dios, todopoderoso, los bendiga rica y abundantemente en el nombre precioso de nuestro señor Jesucristo, quien vive y reina en nuestros corazones hasta el fin.......



lunes, 22 de marzo de 2010

Obedecer a Dios


Hechos 5:29 “…….Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres…….”
Cuando las órdenes del hombre, vengan de donde vengan, se anteponen a la voluntad de Dios, nosotros, los que somos de Dios, no tenemos la obligación de cumplirlas, so pena de caer en descrédito delante de Dios, pecando y delante de los hombres también.

En estos tiempos, el menos persuadido se da cuenta que las cosas están de mal en peor y deduce, sin temor a equivocarse, que estamos muy cerca del fin del mundo debido a la generalidad que se yergue en nuestra sociedad de decirle bueno a lo malo y a lo malo, bueno. Matrimonios entre sexos iguales, abortos “legales”, posesiones “legales” de droga e infinidad de decretos, leyes y resoluciones gubernamentales de la mayoría de los gobiernos mundiales que tratan de dar visos de legalidad a sus tropelías y lo peor es que logran imponer con creces su voluntad sin, prácticamente, oposición. Algunas potencias mundiales arrasan pueblos enteros en nombre de "la democracia y la libertad" para imponer sus voluntades y esquilmar las riquezas de dichos pueblos y enriquecerse más.

¿Qué hacer frente a esta realidad?: Escuchar la voz de Dios. Para esto, tenemos que estar atentos a sus dictados en nuestras conciencias o, en contraparte, interesarse vivamente por el contenido de su Palabra. Las órdenes de los hombres son disimiles y se erigen donde quiera que estamos, de manera que es necesario prestar mucha atención porque, detrás de ellas, está el espíritu del maligno que quiere hacernos caer. Su método favorito es hacernos creer que lo que está planteando es bueno y para ello urde tramas increíbles que llegan a envolver a toda una sociedad para doblegarnos para sus protervos fines.

El apóstol Pedro, a nombre de los apóstoles y estando preso; al ser llevado delante del concilio de los judíos y al ser increpado por el sumo sacerdote sobre la prohibición de no enseñar en el nombre de Cristo dijo: “…….Es necesario obedecer a Dios, antes que a los hombres…….” Esta frase es lapidaria y la debiéramos de esgrimir en defensa de la voluntad de Dios; aunque ello nos cueste la vida. Dios manda y el hombre debe obedecer; no hacerlo, como todos sabemos, nos acarrea problemas de toda índole, que no queremos sufrir y que no quisiéramos que nadie sufra. Nosotros recibimos instrucciones de Dios por medio de nuestra conciencia cuando su Espíritu nos habla al corazón para que andemos correctamente en este mundo y para que nos persuadamos de las tramas del diablo, las cuales teje, para nuestra perdición. Si no estamos muy ejercitados en el discernimiento del bien y del mal, es menester acercarnos a Dios por medio de la lectura de su Palabra y si seguimos teniendo problemas de discernimiento ¿No están ahí los hombres de Dios para enseñarnos?

La corrupción del hombre se da por la reiterada comisión de diferentes pecados a lo largo de su vida, los cuales endurecen su corazón hasta hacerlo insensible, de manera tal que, el hombre, ya no se da cuenta del mal que hace porque ha cauterizado su conciencia debido a su reiterado comportamiento malicioso y al rechazo sistemático de los dictados de Dios a su conciencia. Si Dios siempre le está diciendo al hombre los que es bueno y malo y el hombre siempre hace lo contrario que le dicta Dios en su conciencia; llega un momento en el cual Dios, de tanto sentir el rechazo del hombre, se retira de su presencia para nunca más decirle lo que debe hacer y es en este estado en el que el hombre se vuelve un desgraciado, de manera tal que ya no distingue entre lo bueno y lo malo. Se convierte en un total inconsciente, de esos que llenan las cárceles y las calles también.

No todo está perdido si la persona puede ver un atisbo de esperanza, cuando esto sucede, es menester de agarrar “…….la punta del ovillo…….” y empezar a desmadejar ese ovillo de la verdad de Dios. Si Ud. es una persona que ha matado, violado, robado, etc. Y piensa que puede salvarse, no en vano le es dado este pensamiento y el mismo viene de parte de Dios directamente. Nosotros los hombres y en la carne, no concebimos que una persona que ha cometido tantas faltas pueda ser salvo, pero ese no es el pensamiento de Dios, Dios es un ser amoroso que piensa muy distinto que como piensa el hombre natural. El hombre natural, normalmente, no perdona al hombre cuando este ha cometido una o varias faltas sino que lo condena porque su orgullo de “hombre de bien”, se enaltece y se infatúa; pero el hombre de Dios es solícito en concederle al pecador las prerrogativas de Dios para regresar a su seno.


Nunca obedecer al diablo sera mejor que obedecer a Dios, nunca. La historia de la humanidad esta plagada de millones de ejemplos en los que podemos ver este acertijo. Nosotros mismos podemos dar testimonio de las circunstancias que nos rodearon cuando hicimos la voluntad de Dios por encima de la del diablo y también de las deplorables circunstancias en las que nos pusimos por hacer la voluntad del diablo por encima de la de Dios. Sin embargo, la vida no fue hecha para que la vivamos en alternancias de circunstancias buenas y malas, no; fue hecha para que, una vez conocidos los vericuetos tortuosos del pecado, cuando dejamos de ser niños, regresemos inmediatamente al lugar de donde caímos para nunca mas volver a caer. Claramente nos lo dice Pedrito en 2 Pedro 1:10: ".......Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás......." Si los hombres estamos predestinados a no caer jamás, ¿Por qué entonces seguimos cayendo? ¿queremos seguir como necios y al final entrar a una condenación eterna? ¿o queremos empezar a hacer lo bueno para recibir una recompensa de vida eterna junto a Dios?

Los quiero mucho. Que nuestro Dios, todopoderoso, los bendiga rica y abundantemente en el nombre precioso de nuestro señor Jesucristo, quien vive y reina en nuestros corazones hasta el fin.......



domingo, 21 de marzo de 2010

Los mil años


Apocalipsis 20:7 “…….Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, 
20:8 y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar…….”
Mil años es un período largo en donde el Espíritu Santo traerá paz y prosperidad a toda la humanidad como nunca antes la hubo. Esto sucederá cuando sean arrojados al infierno, la bestia y el falso profeta. Será un tiempo en donde las personas se volverán magnánimas y los “dueños del mundo” repartirán sus riquezas. Un tiempo en el que no habrá hambres, ni enfermedades, ni pobreza, ni llanto, ni angustia. Un tiempo en donde se romperán las fronteras, aun cuando las naciones quedarán para administrar y habrá paz como nunca la hubo. Dios, virtualmente, se humillará cumpliendo los deseos de los que añoran y reclaman un Dios más “justo”, según su parecer y Dios se los concederá cumpliéndoles “sus caprichos”. Será un período limitado pero suficiente en donde, finalmente, el diablo siempre querrá salirse con la suya.
El diablo no se conformará jamás con una humanidad al servicio de Dios y al salir de su prisión, desbocado y en tropel, empezará a hacer lo que es “su virtud”: engañar, mentir, estafar. Con estas armas engañará a muchos y finalmente los organizará para, craso error, destruir a los santos escogidos. Los que adoran a Dios siempre.
Gog y Magog son los poderes terrenales, que tendrán un auge increíble durante los mil años y esta fuerza terrenal poderosa, el diablo, las pondrá a su servicio para dominar al mundo. Parecerá que va a ser muy fácil y, eventualmente, lo logrará pero cometerá el error de querer destruir a los santificados en Cristo.
La sentencia condenatoria de Dios al diablo se cumplirá, porque Dios no miente. El error que pueden cometer propios y extraños es, considerar que esos tiempos serán lejanos para ellos y que, por lo tanto, no los sufrirán. Lo que no se dan cuenta es que ese es otro engaño urdido por satanás para sujetar, hasta la muerte, a los que ya tiene presos y a los que están por caer. No crea el hombre que el diablo no existe porque ese es otro engaño de satanás, con el cual tiene mucho éxito. El mayor engaño que el diablo hace a los hombres es el hacer creer que él no existe y que, por lo tanto, Dios tampoco existe. Lo que sucede con las personas que piensan así es que, finalmente, creen que, “como no existe Dios” tampoco existe ninguna condenación y entonces comienzan a desobedecer los dictados del corazón, que son los dictados de Dios, de tal manera que, cuando la persona siente que no debe hacer tal o cual cosa, pasa por alto ese sentimiento y se entrega al placer de su comisión y es ahí cuando peca porque desconoce la voz de Dios que imparte a todos por igual y que se puede confirmar en cualquier conversación con cualquier ser humano en cualquier momento; en este mismo instante.
También podrá confirmar, conversando con cualquiera, que cuando obedecemos la voz de Dios, siempre, nos sentimos súper, excelentes, completos.

martes, 16 de marzo de 2010

Nada será suficiente.




Lucas 17:10 “…….Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos…….”
La práctica de la bondad, la mansedumbre, la paciencia y de todas las virtudes habidas y por haber, no debe ser una excepción de nuestro comportamiento sino una regla de vivencia continua. Ser ambivalente y/o dubitativo en nuestro comportamiento siempre imprimirá un sino de carácter negativo en nuestra personalidad. Cuando estaba en el mundo y siendo yo así, un amigo me increpó por dicho comportamiento y me espetó: “……. ¡la maldad hay que hacerla bien hecha o mejor no hagas nada!…….”, haciéndome ver con esto que una personalidad indefinida es peor que una definida. Este amigo, que no era cristiano, en su momento y como parte de su naturaleza, intuyó lo que nos dicen las escrituras en: Apocalipsis 3:1 “…….Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca…….”
Actualmente también, Dios prefiere que seas totalmente malo o bueno (sin desmedro de sus consecuencias), muy por encima que seas “más o menos”. No debemos mantenernos en el medio engañándonos a nosotros mismos y a los demás.
Muchas veces, algunos piensan que la vida cristiana se limita al cumplimiento de ciertas reglas o cánones y que tenemos licencia, de vez en cuando, de cometer tropelías que normalmente justifican diciendo: “…….con esto no hago daño a nadie…….” Cuando en realidad no se dan cuenta, o mejor dicho, soslayan el dictado de sus conciencias con este tipo de declaraciones y se hacen daño a sí mismos y a quienes bien  los quieren.
Dios quiere todo de nosotros, lo cual es para nuestro bien porque: ¿Qué podemos darle nosotros a Dios que lo beneficie? Simplemente nada, porque sino, no sería Dios. Es para nuestro bien ponernos a su servicio en esta vida teniendo en cuenta sus promesas de las cuales se destaca la de vivir en su gloria por la eternidad.
Cuando nos comprometemos a ser atentos a su voluntad, tendremos la seguridad de beneficiarnos de su infalibilidad y cuando los seres humanos se conviertan de modo general, retornaremos al paraíso que alguna vez dejamos en la persona de Adán. Definitivamente el retorno se debe hacer de la mano de Jesucristo; no hay otra manera porque así lo ha determinado Dios, para nuestro beneficio.
La vida en Cristo debe ser plena y nunca debemos dejarnos arrastrar por la vana tentación de justificarnos diciéndonos a nosotros mismos que hemos hecho lo correcto para luego reblandecernos con malas acciones (placeres) que postergan nuestra plena realización. El secreto de la vida plena en Cristo radica en la perseverancia constante en bien hacer, sin desmayos, sin dobleces, sin fatiga, con resolución, compromiso y veracidad. Todo lo contrario será que sigamos dubitativos y que muramos en esa condición puesto que ya sabemos que nos haremos inútiles en la presencia de Dios y, lo peor, es que seremos vomitados de su presencia en el juicio final. Son cosas en las cuales más nos vale meditar para tomar una resolución favorable a sus preceptos sin condiciones.

domingo, 28 de febrero de 2010

El sino del Cristiano comprometido.


Hechos 17:8 “…….Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas…….”
Hay quienes, no solo no quieren escuchar la Palabra de Dios sino que, sublevan a otros en contra de los cristianos. Algunas veces, esto es motivo para que, algunos, no opten por seguir a nuestro Señor Jesucristo. En otras palabras, se avergüenzan de ser cristianos y les da miedo que otros se alboroten por causa de nuestras creencias.
¿Qué hacer frente a esta realidad?: Conformarse y consolarse con los dictados de Dios porque, entre otros pasajes, hay los que nos animan a ser vanguardistas en Cristo. Por ejemplo: 2 Timoteo 1:7 “…….Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio…….” Cuando tenemos dentro de nosotros este espíritu, cuando nuestro espíritu es valiente, poderoso, amoroso y tenemos dominio propio hasta el punto de no pecar; se puede alborotar todo un pueblo, una ciudad, un país, el mundo todo puede estar alborotado y nosotros tan campantes y confiados como Dios lo quiere. No que nosotros seamos alborotadores sino que ellos se alborotarán por sí solos porque no pueden escuchar la Palabra de Dios y para ellos Cristo en locura.
Hay quienes no nos toleran y son capaces de matarnos con tal que no difundamos nuestra fe en Jesucristo. Pero estas no son preocupaciones propias de los cristianos, nuestra preocupación está centrada, principalmente, en Cristo, su vida, su pasión, su resurrección, su regreso, la vida eterna. Si el mundo se alborota, no es nuestra preocupación, el mundo, con el pecado, ya estaba alborotado antes de Cristo y ahora, con Cristo, los que no son de él, se alborotan porque ven amenazado su “modus vivendi”.
El diablo y sus secuaces siempre tendrán “recursos” para destruirnos, los inventan, investigan profundamente nuestros pasos, tergiversan la realidad para su provecho, amañan la verdad y cuando tienen justificación verdadera, la publican a los cuatro vientos y es por eso que debemos ser celosos en nuestro comportamiento, no celosos para con ellos sino para con Dios.
No buscamos que la gente haga alboroto por causa de nosotros pero si nuestra actuación causa alboroto en cualquier lugar, podemos estar convencidos que nuestro cometido de predicar la Palabra de Dios se está cumpliendo porque si los apóstoles con su predicación lo causaban, no es de extrañar que nosotros también por la misma razón.
No nos cuidamos que “vayamos a causar problemas” porque no los causamos; son nuestros enemigos quienes los causan gratuitamente para que seamos rechazados. Al mundo pecador no le conviene tener cerca de sí personas que, como nosotros, les esté diciendo, por medio de nuestra conducta, que sus obras son malas y harán lo imposible por “sacudirse” de nuestra presencia y mientras más alboroto puedan hacer, más complacidos estarán de su labor. Los cristianos estamos dispuestos a confrontar este tipo situaciones y no nos sorprende su presencia, estaremos preocupados si después de predicar, nadie dice ni hace nada porque veríamos entonces que nuestros esfuerzos no tuvieron el suficiente ardor.

martes, 16 de febrero de 2010

Cualidades inherentes al cristiano.


Hechos 6:8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.
    9 Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban.
    10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.
    11 Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.
    12 Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio.
    13 Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley;
    14 pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés.
    15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
Nuestro hermano Esteban, quien fue martirizado por los judíos del primer siglo, tenía cualidades especiales que paso a enumerar:
1.       Estaba lleno de gracia.
2.       Estaba lleno de poder.
3.       Hacía grandes prodigios.
4.       Hacía grandes señales.
5.       Tenía sabiduría irresistible.
6.       El Espíritu con que hablaba, era irresistible.
7.       Su rostro se embellecía como el de un ángel.
Todas estas cualidades no son perseguidas por los cristianos como cosa a qué aferrarse sino que son inherentes, por naturaleza, a todos los cristianos, en la medida en que nos profundicemos en el amor de Cristo, su conocimiento y la práctica de su ministerio. No podemos decir que son gratuitas y el precio que debemos pagar es la de una dedicación exclusiva a la causa de Dios en Cristo Jesús.
Junto con la aparición de estas cualidades y/o virtudes, están acompañados algunos “riesgos” que, realmente, no nos preocupan en absoluto o, por lo menos, no debieran preocuparnos; como a Cristo, Esteban y muchos otros, no les preocuparon. Las “consecuencias” o “riesgos” que podemos causar son los que asumió Esteban:
1.       Levantó disputas.
2.       Sus enemigos se soliviantó a contra él.
3.       Sufrió falsos testimonios de gente sobornada por sus enemigos.
4.       Desató, sin proponérselo, pasiones violentas.
5.       Lo acusaron, falsamente, de blasfemias contra el templo y contra la Ley.
6.       Lo acusaron de decir cosas que nunca dijo.
7.       Finalmente lo apedrearon, muriendo, sin razón e injustamente.
Tengo la sensación que muchos cristianos anhelan las cualidades propias de los que entregan la vida por la fe en Cristo pero que no están dispuestos a hacer esa entrega ni mucho menos sufrir las “consecuencias”. Es solo una sensación. También he podido ver cristianos heroicos que se entregan cada día más. En todo caso, sea el punto que fuere en donde nos encontramos, tenemos ejemplos vivos de los que fueron nuestros hermanos en el pasado y de lo que son en el presente, siendo estos, fuente constante de inspiración genuina.
Actuar a favor de la justicia y la verdad, desgraciadamente, no es popular y son pocos quienes se aventuran con coraje, valentía y decisión a confrontar sus consecuencias. Nuestra sociedad actual está plagada de dichas situaciones y debemos ser, los cristianos, los vanguardistas en su combate y erradicación. No podemos ni debemos actuar con cálculo político ante dichas situaciones porque entonces perderíamos nuestro galardón. Nuestro comportamiento contestatario ante los acontecimientos cotidianos de nuestro mundo, que están signados por la injusticia y que son carentes de toda verdad, deben ser emplazados por nosotros de todas las maneras posibles y sin ningún temor, naturalmente. No podemos ver la explotación de nuestros semejantes y quedarnos impávidos; no podemos ver el ajusticiamiento de nuestros semejantes y tener sólo conmiseración; no podemos ver el hambre y la enfermedad y tan sólo decir: “lo siento mucho”; no podemos ver el pecado mundial y no luchar para combatirlo. Dios demandará de nosotros nuestra inconsecuencia.
Cristo, Esteban y muchos otros, a través de la historia, clamarán nuestra inconsecuencia a la hora del juicio final y nadie tendrá justificación si fuere encontrado en el pecado de no comprometerse con la causa de Dios. Ella es clara y meridiana en nuestro cristocentrismo y nos reclama, a viva voz, nuestra participación activa y comprometida. No nos importe meter las manos al fuego por amor al prójimo, no nos preocupe poner el pecho por quienes no pueden hacerlo, no sea nunca de cuidado morir por Cristo…….

domingo, 14 de febrero de 2010

La libertad de La Palabra


 Hechos 28:17 Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos;
    18 los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte.
    19 Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César; no porque tenga de qué acusar a mi nación.
    20 Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.
    21 Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti.
    22 Pero querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.
    23 Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.
    24 Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían.
    25 Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:
    26 Ve a este pueblo, y diles:
    De oído oiréis, y no entenderéis;
    Y viendo veréis, y no percibiréis;
     27 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
    Y con los oídos oyeron pesadamente,
    Y sus ojos han cerrado,
    Para que no vean con los ojos,
    Y oigan con los oídos,
    Y entiendan de corazón,
    Y se conviertan,
    Y yo los sane.
    28 Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.
    29 Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.
    30 Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían,
    31 predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.
De muchas cosas los hombres disertan en nuestros tiempos pero ninguna tan excelsa como la disertación sobre Dios y su Hijo Jesucristo. No porque yo lo diga sino que, el paso de los siglos lo ha confirmado una y otra vez. La trascendencia de la Palabra de Dios y la libertad que tenemos de para predicarla se suman para establecer un poder inconmensurable contra quien nadie ha podido prevalecer hasta hoy.
El apóstol Pablo había sido encarcelado tratando de convencer a sus compatriotas acerca de la veracidad del cumplimiento de las profecías en Cristo Jesús y estando aun preso, no cejaba de hacerlo denodadamente, mañana y tarde. Nótese que Pablo hablaba, casi exclusivamente, a los judíos y en esta ocasión trae a colación la profecía que se encuentra en: Isaías 6:9-10 acerca de la indiferencia que tuvieron (y tienen hoy) los judíos de aquel entonces.
Sin temor a equivocarme, predicar la Palabra de Dios estando preso, debe ser una tarea de titanes y sin embargo el apóstol Pablo lo hizo. Nos cabe preguntar si lo que hacemos por Dios es suficiente. Pablo también les advierte a los judíos que los gentiles serían conducidos a los pies del Señor. Los que en esos tiempos le escucharon acerca de esa realidad, jamás se imaginaron que con su rechazo rechazaban al mismo Dios, quien había estado con los brazos extendidos hacia ellos para convertirlos y sanarlos y lo está hasta hoy pero ahora son menos los que del pueblo judío quieren escuchar de Cristo.
Finalmente los cristianos hemos sido constituidos como el Pueblo de Dios, la Israel de arriba y ellos han sido desechados y no pueden hacer nada para reivindicar ese privilegio que tenían, sino a través de Cristo.
La esperanza del actual Israel físico y del antiguo también estuvieron y están en Cristo Jesús; ellos, hasta hoy, esperan un redentor guerrero que les dé, por medio de la guerra, toda la tierra prometida la cual era desde el rio Éufrates hasta Egipto, es decir: los territorios de los actuales Palestina, Siria, Jordania, Irak, Líbano, Kuwait y parte de Arabia Saudita. El gran problema es ese. Ellos se creen el pueblo escogido de Dios; lo fueron pero ya no lo son porque, por su pecado continuo, Él los desechó para siempre como pueblo y una de las razones actuales de su rechazo al cristianismo es que también tendrían que renunciar a sus pretensiones sobre estos territorios.
Tanta es la esperanza que tiene el pueblo de Israel y todos los pueblos del mundo, en Cristo que hasta hoy tiene Dios sus brazos extendidos para que todo aquel que crea en su nombre pueda recibir la salvación, el perdón de sus pecados y la vida eterna.
Hasta hoy, también, hay quienes asienten y los que no creen. El mensaje de Dios ha sido el mismo desde el primer siglo, no ha cambiado nada, ha sido firme y constante. Lo que creyeron los primeros cristianos es lo mismo que creemos nosotros ahora. El mensaje es sencillo. En principio debemos escuchar la Palabra de Dios, creer en Él  y en su Hijo Jesucristo. Debemos reconocer nuestros pecados contra Dios y los hombres. Debemos creer que Dios nos puede perdonar en Cristo. Debemos someternos a sus mandamientos. Debemos nacer de nuevo como nuevas criaturas. Debemos hacer su voluntad.
Cuando el Espíritu Santo de Dios se funde con nuestro espíritu nos convertimos en santos en su presencia y si hacemos su voluntad cumpliendo sus mandamientos, le agradamos y nos bendice de muchas maneras. Todos los sufrimientos son sobrellevaderos en su nombre y la esperanza de una vida eterna en su presencia nos vuelve pletóricos hasta la muerte.





miércoles, 10 de febrero de 2010

El fortísimo consuelo




Dios, Hijo y Espíritu Santo no son todo lo que el hombre natural conceptualiza de ellos, en términos generales; en primera instancia, porque la grandeza de su naturaleza espiritual no puede ser conceptualizada por el hombre de manera natural sino que es menester profundizarse en el océano de su conocimiento de manera espiritual y para eso es necesario, en principio, aprender y practicar los rudimentos del Evangelio para después pretender dar el siguiente paso. Hay quienes quieren saltar el primer paso y normalmente fracasan. Recordemos que la inmadurez de cada cual, en el espíritu, no es afrenta a quien la padece; es un estado natural de quien recién ha nacido del agua y del espíritu, por el que todos pasamos. No importa todo el desarrollo intelectual secular que hayamos obtenido al momento de nuestra conversión al cristianismo, esto no es garantía de un manejo maduro de las Escrituras, aunque sí puede ser una ventaja para alcanzarlo. Pablito nos dice en I de Corintios 13:12, en referencia a los que no han sido aun perfeccionados y de cómo serán cuando la alcancen: “.......Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.......”










martes, 9 de febrero de 2010

En ocasiones nos indignamos



En el libro Hechos, 23:23-35, del Nuevo Testamento de Dios a los hombres, se describe la forma en que el apóstol Pablo es trasladado por los soldados romanos, quienes dominaban al pueblo judío en aquel entonces; porque 40 judíos mafiosos se habían conjurado para matarlo. Para nosotros, los cristianos, parece ser que no existiese nada fortuito, virtualmente, en el devenir de nuestras existencias. Ciertamente que muchas de las cosas que nos suceden son de manera fortuita, como lo que le aconteció a Pablo en aquel momento, pero cuando reflexionamos en los acontecimientos, nos damos cuenta que, para bien o para mal, siempre la mano de Dios está presente. Si los soldados romanos no hubieran arrestado al apóstol Pablo, en aquel momento que lo hicieron, y si no lo hubieran trasladado después a Cesarea, lo más probable es que los judíos lo hubieran matado, tal como se habían conjurado un grupo de ellos.
Los cristianos de hoy no estamos exentos de sufrir las mismas persecuciones que sufrieron quienes nos antecedieron en la historia del cristianismo pero, una condición sine cua non para padecerla; debemos  comprometernos totalmente en la difusión del evangelio porque los más “afectados” con nuestra prédica son quienes más comprometidos están con el pecado y tal es su afición al mismo que están dispuestos a matar con tal de seguir en sus disoluciones. Sin embargo, nosotros no vamos al encuentro de nuestra muerte, en este cometido, porque, si ese fuera el caso, la prudencia nos dice que no debemos comprometernos; pero ojo, no huimos de la muerte. Como quiera que no existe esa preocupación, entre los que predicamos la Palabra de Dios; seguimos adelante en nuestro cometido de predicar la Palabra de Dios, aunque nos maten.
En principio, nuestras motivaciones para todo lo que hacemos, son y deben ser, cristocéntricas; y teniendo el amor de Dios con nosotros, al igual que Él por nosotros, nos compadecemos de quienes se encuentran esclavos del pecado, aunque en ocasiones nos indignamos, porque sabemos por experiencia vivida, el sufrimiento que acarrea moverse en el pecado. Tampoco esto quiere decir que somos indolentes frente a las “consecuencias” de nuestra prédica pero las asumimos con hidalguía, entereza y resignación en la confianza imperecedera y cierta de un nuevo y mejor amanecer; tanto para nosotros como para los receptores incondicionales de la fe en Dios y de su Hijo Jesucristo. La cárcel de Pablo fue ocasión propicia para que muchos gobernantes escuchasen la Palabra de Dios. Las vicisitudes que podamos experimentar, mientras estamos en la obra del Señor, es la garantía, irrefutable, que estamos por buen camino.
El apóstol Pablo sufrió, en carne propia, innumerables padecimientos por causa de la predicación de la cruz de Cristo, y de ellas, hasta donde sabemos, siempre salió incólume y, aunque tengamos que sufrir la muerte; como nuestro hermano Esteban, Pablito e innumerables hermanos hasta hoy, no nos amedrentamos; es más, pensamos que sería glorioso morir por causa de la predicación de Cristo resucitado. Finalmente Pablo fue ejecutado como consecuencia de su predicación. Hay contradicción con respecto a que si fue lapidado, degollado o crucificado.
El mismo Pablito declaró de sí mismo en 2 Corintios 11:24-26: “.......De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación,peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;.......” y sin embargo Lucas, en Lucas 17:10 nos advierte: …....Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.......” De esta manera no nos vanagloriemos, más que de la cruz de Cristo. Pablo también acierta al decirnos en Romanos 12:3 “.......Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.......” Este pasaje nos sirve para cuando somos tentados a vanagloriarnos de las cosas hechas a favor de la obra del Señor, en vez de gloriarnos de salvación recibida por su sacrificio de muerte, en una cruz.

Esos 40 “judíos” facinerosos, del primer siglo, que se confabularon contra Pablo y juraron no comer hasta cumplir con matarlo, pero que no pudieron hacerlo, ahora me dan risa. Qué chistoso, me imagino cómo estarían de lánguidos sus rostros después de dos, tres o más días y cómo, desde el primero hasta el último, tuvieron que empezar a comer para no morirse de hambre. Qué horrible el fracaso que sufrieron. Todas las confabulaciones de los que están en contra de los cristianos, no pueden prosperar y si aparentemente prosperan, aunque muramos, somos vencedores; porque la maldad no se enseñoreó de nosotros, después de conocer a Cristo.
Lo que no resulta gracioso es que existan personas que vean estas cosas como lejanas y ajenas a su proyecto de vida, que se excusen una y otra y otra vez de comprometerse y que lleguen a tal punto en su negación de Dios que, aunque no participen en la muerte directa de los inocentes que mueren por amor a Dios, se complacen con quienes los matan y con todo aquel que practica el pecado abiertamente, tal como lo declara Pablito en: Romanos 1:31-32: “....... necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.......” No piensen los tales que Dios no les espetará su responsabilidad, ciertamente que sí y los condenará por ello también, si acaso no le escuchan, obedeciéndole. Serán condenados desde la injusticia de fumarse un cigarrillo hasta la de no hacer absolutamente nada, nada, nada por los 1000 millones de personas hambrientas en el mundo.
Muy diferente será la suerte de quienes sientan en carne propia las consecuencias de predicar la Palabra de Dios. Serán glorificados en el día del juicio y vivirán una eternidad con Dios. No hay alegría más grande en la vida y en este mundo que la de ser esclavo de Dios en Cristo Jesús. No importan las circunstancias que nos toquen vivir y morir, si estas están aprobadas por Dios; el gozo será supremo en su presencia y aun cuando tengamos la soga al cuello y estemos sufriendo, si no, que lo testifiquen mis hermanos…….Los quiero mucho. Que nuestro Dios, todopoderoso, los bendiga rica y abundantemente en el nombre precioso de nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina en nuestros corazones hasta el fin.......



lunes, 8 de febrero de 2010

Se hizo dicha recomendación


 De Hechos 21:17-36 y de otros pasajes similares, quiero destacar el hecho de que los judíos, convertidos al cristianismo, siguieron practicando la religión judaica como el que más. El pueblo judío fue el depositario del antiguo pacto de Dios con los hombres y ahora los cristianos somos los depositarios del Nuevo Pacto de Dios con los hombres porque Dios los desechó a ellos y a su pacto a partir del momento que mataron a su Hijo. El actual pueblo de Israel no cree en el Nuevo Testamento ni mucho menos en Cristo; su teología y todas sus concepciones mundanas (incluido el dominio del mundo) la basan en el Antiguo Testamento. Una cosa muy diferente son los judíos convertidos al cristianismo, hoy. El pueblo de Israel puede ser, nuevamente, el Pueblo de Dios, pero en Cristo Jesús; es la única manera. Deben olvidarse del antiguo pacto.

Recordemos que los primeros y únicos convertidos al cristianismo, durante algún tiempo, fueron los judíos; porque la voluntad de Dios era que fueran ellos quienes conociesen la verdad acerca de su real estado espiritual en el que se encontraban, por culpa de sus propias concupiscencias y la de los dirigentes religiosos. Debemos tener muy presente, también, que Cristo “.......A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.......” (Juan 1:11); de modo que la fidelidad de Dios, a Israel, terminó cuando crucificaron a Cristo y fue trasladada (dicha fidelidad) de los judíos a los cristianos. Me parece que, lo más destacado de este pasaje es el coraje, la valentía y el pundonor con el que Pablo asume su responsabilidad de predicar la Palabra de Dios. Podría decirse, sin temor a equivocarnos, que Pablo estaba dispuesto a morir por Cristo, y de hecho murió por Él. Otra cosa que debemos destacar es la forma en la que, Pablo y los demás, asumen su rol de practicantes naturales del judaísmo para facilitar la evangelización.

En este pasaje, por un lado Pablo les relata a los ancianos la conversión de los gentiles en toda la región por la que viajó y por otro, los ancianos que estaban en Jerusalén se glorían en el Señor por los miles de judíos que se habían convertido al cristianismo y dicen de ellos que “.......todos son celosos por la ley.......” (Hch. 21:20b). Hay que considerar que dichos judíos convertidos al cristianismo, eran en su mayoría bebés espirituales y tenían que ser tratados como tales hasta que pudiesen madurar y empezar conocer las profundidades de la doctrina de Dios en Cristo Jesús. La otra cosa que dijo Pablo, en relación con los gentiles, fue que él les había dicho, después de la conversión de cada cual, que no guardaran la ley, en referencia a los rituales y quedaron de acuerdo en que les recomendarían “.......que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación.......” que eran cosas que ofendían la mente de los cristianos convertidos del judaísmo, por ser contrarias a la Ley Mosaica que ellos seguían observando, siendo cristianos.

En este punto, debemos diferenciar el significado de la sobreedificación, en tanto y en cuanto a su calidad y temporalidad, tal como lo declara 1 Corintios 3:11-13. Todos sabemos que hoy que, nadie sacrifica animales a ningún ídolo, que comer sangre no nos hace ni más ni menos aceptos del Señor y que tocar a un ahogado no nos contamina porque en nuestras congregaciones ya no existen judíos convertidos al cristianismo que pudieran escandalizarse por estas prácticas. Se hizo dicha recomendación para que los gentiles, convertidos al cristianismo, no ofendieran con estas prácticas, comunes en ellos, a los hermanos judíos. Estas órdenes a los gentiles fue una sobreedificación de oro, para aquel entonces, que debía cumplirse para no poner tropiezo entre los hermanos judíos convertidos al cristianismo. Ahora sabemos que estas prácticas se fueron abandonando poco a poco para dar paso a la excelencia del conocimiento del amor de Cristo. Naturalmente que el abstenerse de fornicación siempre será un deber de todo cristiano, esa recomendación prevalece hasta hoy.

Después Pablo hablaría de la sagacidad que usó para convertir a los pecadores; dicha sagacidad, con algunos matices, aun es válida para los mismos propósitos, como se declara en I Corintios 9:20-22 “.......Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.......” Cuidado con las malas interpretaciones, como la de un hermano (no de la Iglesia de Cristo) que bebía con los borrachos y decía que tenía el “ministerio de los borrachos”.

Si el tribuno de la compañía del imperio Romano, a la sazón invasores de Israel, no hubiera llegado con los soldados y centuriones a rescatar a Pablo, ciertamente los “judíos” lo hubieran matado en el propio templo porque las creencias de los cristianos no les conviene en absoluto, porque disolvía su pretensión de creerse el “pueblo de Dios”. No es de extrañar que, esos mismos “judíos”, hoy, quieran gobernar el mundo para implantar su propio régimen eliminando a todos quienes los contradigan. ¿No lo están haciendo eso hoy mismo? Han sido muy efectivos ya que una gran parte de “cristianos” han desviado su teología cristocéntrica para someterla a la “reivindicación de Israel” y aprueban las tropelías de Israel en contra de Palestina y del mundo a quienes acosan hasta la muerte. Está confirmado, hasta la saciedad, que así mismo actúan.

Los cristianos hemos sido liberados de semejantes contingencias porque hemos sido constituidos como el Israel espiritual de Dios, el verdadero pueblo de Dios con leyes grabadas en nuestros corazones hasta el punto de morir por ellas sin necesidad de matar por las mismas, Dios nos libre. Hemos sido constituidos como hijos de Dios por la sangre de Cristo que fue derramada por los “judíos” quienes no le recibieron ni antes ni después de su muerte, a pesar que lo vieron hacer milagros, resucitar de entre los muertos y ascender a los cielos. Tampoco le creerán cuando lo vean venir en las nubes con todo poder a juzgar a los vivos y a los muertos, ni cuando vean descender del cielo la Jerusalén de Dios. Este privilegio, de ser verdaderos hijos de Dios, está abierto para todo el mundo, inclusive para los judíos, musulmanes, o “cristianos” que aun no viven como Cristo ejemplificó. Los quiero mucho. Que nuestro Dios, todopoderoso, los bnediga rica y abundantemente en el nombre precioso de nuestro señor Jesucristo, quien vive y reina en nuestros corazones hasta el fin.......