Una exposición del mensaje de Dios ".......para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia......." a toda persona que desee ponerse, humildemente, a los pies de Dios para conocerlo, experimentar el perdón de sus pecados, convertirse en su hijo y gozar las bondades de su salvación esperando su retorno.

lunes, 15 de noviembre de 2010

“…….no había allí nadie…….”


Parece mentira que, hasta hoy, existan personas que duden si Dios puede o no hacer tal o cuál cosa y con dicha falta de fe detienen, con injusticia, la verdad. En tiempos del profeta Eliseo, la ciudad de Samaria fue sitiada por el ejército de los sirios, al mando del rey Ben-adad. Fue tanta el hambre que una cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de plata. Tanto fue el apetito que, las madres, empezaron a comerse a sus hijos. En estas circunstancias, el rey de Israel mandó a sacarle la cabeza a Eliseo y este, en respuesta, les profetizó que, al día siguiente, sería liberada Samaria. Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, se burló de la profecía y Eliseo le dijo que lo vería pero que no se beneficiaría y así fue.
El ejército de Siria huyó, en estampida, aterrorizado porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército y unos leprosos judíos que se aventuraron, al anochecer, para ir al campamento de los sirios; llegaron a la entrada del campamento de los sirios y no había allí nadie. Los sirios se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba. Al mandar, el rey de Israel, a unos mensajeros para verificar lo que los leprosos decían, estos los siguieron hasta el Jordán; y he aquí que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios habían arrojado por la premura. Al príncipe que se burló, el pueblo le atropelló a la entrada, y murió.
Como este relato histórico, existen cientos en la Biblia que hablan, indudablemente, del poder de Dios y sus maravillas. Como si esto fuera poco, Dios nos habla por medio de las cosas hechas, de modo que no tenemos excusa para no creer. Nosotros, los cristianos, somos, en cierto sentido, como los leprosos que, encontrándose con muchas riquezas en medio del campamento de los sirios, nos persuadimos de la necesidad de comunicar, a todos, del beneficio que hemos encontrado. Porque lo que hemos encontrado en Dios es un beneficio y una riqueza tan inconmensurable que podemos hacer ricos a todo el mundo y nuestra riqueza no mermaría un ápice. Vengan, de una vez y enriquézcanse por demás…….
Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. Hay quienes no quieren entender ni por las buenas ni por las malas porque se echan a la espalda los buenos mensajes, y la disciplina que Dios les impone, los hacen más duros hasta que, no existiendo más remedio, Dios los elimina en un santiamén, dejándonos a los testigos anonadados, turulatos y perplejos. Bendito sea Dios y bendito su santo nombre. Enhorabuena haber recibido, sin merecerlo, la condición de ser sus hijos.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Los desechados y los escogidos



Aunque los mandamientos de la ley de Dios se circunscribían, básicamente, en Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, existían numerosísimas ordenanzas que tenían que ser observadas por los judíos, obligatoriamente, hasta Cristo. Son 613 los mandamientos y ordenanzas de la Ley de Dios las que fueron, virtualmente, resumidos en dos mandamientos escuetos que dijo Jesús; a saber: “…….Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas….” De manera que si cumplimos estos dos mandamientos, no pecaremos.
Lo trascendental, entonces y en este punto, es el cumplimiento de la profecía de Jeremías 31:31-33 que a la letra dice: “…….He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo…….” Lamentablemente, quienes fueron el “Pueblo de Dios” no recibieron al Mesías sino que lo mataron, como todos sabemos.

Entonces los desechó para siempre y escogió a otro pueblo; los gentiles, es decir, todos los que no eran el “Pueblo de Dios” o el pueblo judío. Pero hubo un remanente fiel del pueblo hebreo que sí recibieron al Mesías y se convirtieron a él para ser el verdadero Pueblo de Dios y ellos integraron a los gentiles, por revelación, para compartir con ellos la bendición de ser verdaderos hijos de Dios. Dios profetizó que escogería un nuevo pueblo, como se relata en Deuteronomio 32:21 “…….Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; Me provocaron a ira con sus ídolos; Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, Los provocaré a ira con una nación insensata…….” Pablo lo dice en Romanos 10:19.

El pueblo judío y el mundo entero que hace caso omiso al dictado que Dios les hace, a través de sus conciencias y de las cosas creadas, para que sepan y disciernan lo que es bueno de lo que es malo, no tienen ninguna excusa delante de Dios para exculpar sus pecados. Como dice la Escritura: Romanos 1:20 “…….Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa…….” Y  Hebreos 8:10, 11 “…….Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos…….”

domingo, 7 de noviembre de 2010

“…….murió lleno de días…….”


Joiada fue sumo sacerdote de Joás, rey de Judá y de quien se dice que vivió ciento treinta años (“…….Mas Joiada envejeció, y murió lleno de días; de ciento treinta años era cuando murió…….” 2 Crónicas 24:15) y de quien también se dice que: “…….había hecho bien con Israel, y para con Dios, y con su casa…….” 2 Crónicas 24:16b. Estas referencias y algunas otras, acerca de un personaje que vivió hace cerca de tres mil años, me llaman mucho la atención. En principio me llama la atención que este hombre haya vivido la friolera de ciento treinta años; más del doble de los que tengo y con la muerte en ciernes sobre mí. Creo que, sin miedo a equivocarme, Joiada no se propuso, ni por asomo, dejar un legado a la posteridad.
Joiada, vivió en consecuencia de lo que creyó acerca de Dios y fue fiel a su cometido. No pretendo simplificar lo que significa estar en gracia de Dios pero sí interiorizarme en las palabras de Cristo cuando dijo: “…….porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga…….” para luego permitir que lo crucificaran. La contraposición de lo que dijo tiene que ver, evidentemente, con el significado y las consecuencias que acarrean el vivir una vida de pecado y disolución. Lo lógico y real es que, quien vive de mala manera acarrea para sí un yugo difícil y una carga pesada. El engaño del diablo es el hacernos creer que, vivir una vida de disolución y pecado es mucho mejor y más fácil que vivir una vida de santidad y amor; craso error.
Para vivir una vida de santidad y amor es necesario premunirse de los bienes más preciados del mundo, la historia y la humanidad; bienes que no se encuentran en los dispensarios de ningún almacén del mundo ni se pueden adquirir con toda la riqueza del Universo. Nos referimos a la sabiduría y a la inteligencia. De ellas dice Job: “…….No se hará mención de coral ni de perlas; La sabiduría es mejor que las piedras preciosas…….” Job 28:18. “…….Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el apartarse del mal, la inteligencia…….” Job 28:28. Suena tan sencillo pero es inalcanzable para el insensato: “…….Alta está para el insensato la sabiduría; En la puerta no abrirá él su boca…….” Proverbios 24:7. De modo que, adquirir estos bienes, nos asegurarán un futuro de dicha eterna.
Hace muchos años me dijo mi hermano Alirio Ortega (estoy parafraseando): “…….Dios no puede hacer más de lo que ya hizo mandándonos a su Hijo para morir por nosotros…….” Esto es muy cierto, Dios hizo lo máximo que se puede hacer para persuadir a los hombres de su mal camino y llevarlos a la gloria. Si el hombre, después los reiterados llamados de Dios para su corrección, no atina a obedecer ni corregirse, no hay otro modo de persuadirlo más amigablemente que convencerlo de seguir a su Hijo Jesucristo. Dios ha previsto, también, la disciplina para corregir al hombre de pecado y cuando esta es ejercida Dios también se lamenta con nosotros de su existencia porque, debiendo nosotros habernos corregidos con sus buenas maneras, a veces lo hacemos a regañadientes después de haber padecido.

viernes, 5 de noviembre de 2010

“…….permanecerás para siempre…….”



La dicha de saber que tenemos un Dios que permanecerá para siempre nos embarga de esperanza cuando estamos en un proceso de sufrimiento por cualquier causa. Bien sea que estemos enfermos, de duelo, atribulados, en apuros, perseguidos o derribados. A pesar de encontrarnos en cualquiera de estas circunstancias, o en otras parecidas, nuestra esperanza de ver a Dios no mengua porque sabemos que todas esas circunstancias adolecen de la temporalidad de la vida terrenal, es decir, son finitas; no así el sufrimiento eterno de la condenación a la cual están designados todos aquellos que han practicado el pecado hasta la muerte. En contraposición a ello el trono de Jehová permanece para siempre y está reservado para su pueblo, el mantenerse con Él, por la eternidad.
Al final del concierto de lamentaciones, en el libro de Lamentaciones, hay una voz de esperanza que nos infunde ánimo a los que creemos en Dios, no así a los que no creen; porque hay quienes escuchan dicha voz y no son inducidos a nada porque viven bajo el sino del pecado y la desesperanza. En Cristo Jesús es en quien encontramos la solución del conflicto mundial por el existencialismo. El hombre, por naturaleza, quiere vivir tranquilo, sosegado, con bienestar y cuando no alcanza ese buen estado se vuelve irracional, temperamental, irresoluto. La esperanza de tener un Dios por la eternidad se cumple, entre otros muchos pasajes, en Lamentaciones 5:19 que dice: “…….Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; Tu trono de generación en generación…….” Tener esta seguridad nos genera absoluta confianza.
Los que no creen en Dios deben de entender que nosotros, los que sí creemos, estuvimos en el mismo estado en el que ahora se encuentran ellos y muchas veces, peor; de manera que sabemos, perfectamente, lo que significa estar sin Dios. Es por eso que nos duele en el alma que tengan que sufrir las consecuencias de sus pecados porque nosotros también las sufrimos. Si pudiesen escamotear la responsabilidad de pertenecer a Dios, no podrán escapar de la condenación eterna, que sobre ellos se cierne, desde que empezaron a pecar y esta condenación no se detendrá porque en ella Dios se ha comprometido a hacernos justicia porque, al no correr nosotros con ellos en sus disoluciones, nos hemos constreñido del mundo.
Nos hemos “privado del gozo de pecar” porque hemos doblegado a la carne, para dar paso al espíritu y esto a sabiendas que el pecado causa placer, según la inclinación de cada cual y que no hay comisión de pecado sin placer, aunque después nos arrepintamos del mismo. Si el pecado no conllevase, en su comisión, placer; entonces nadie pecaría y si el pecado, en sí mismo, nos llevase a una satisfacción perpetua, también dejaríamos de pecar. El hombre peca una y otra vez porque el placer de pecar se diluye ipso facto, después de cometido el exabrupto. Otra cosa es el placer de tener comunión con Dios a sabiendas, también, que la eternidad de gloria es millones de veces mejor que todos los placeres mundanos juntos…….
Los quiero mucho. Que Dios, todopoderoso, los bendiga rica y abundantemente en el nombre precioso de nuestro señor Jesucristo, quien vive y reina en nuestros corazones hasta el fin…….

jueves, 4 de noviembre de 2010

“…….Destruiré por completo todas las cosas…….”



El libro de Sofonías en el Antiguo Testamento, en la Biblia; nos habla de la determinación de Dios contra el mundo de pecado y lo más resaltante es la expresión del versículo 2 del capítulo 1 que dice: “…….Destruiré por completo todas las cosas de sobre la faz de la tierra, dice Jehová…….” Sofonías 1:2 y como Dios no miente, es menester que pongamos las “barbas en remojo” porque, ciertamente, si no nos arrepentimos de nuestros pecados, a nosotros también nos alcanzará esta destrucción total de todas las cosas sobre la faz de la tierra. Todas las profecías cumplidas de la Biblia, nos dan testimonio fehaciente que las que quedan, también se cumplirán pero, como en aquel entonces, habrán quienes no se persuadan de este acertijo sino hasta cuando sea muy tarde. La verdad es que no les interesa escuchar a un Dios que les reclama, desde que nacieron, la necesidad de bien actuar y a pesar que ha castigado, de muchas maneras, a los hombres; estos no escarmientan y se obstinan en seguir disolutos.


La profecía cumplida de la aparición de nuestro señor Jesucristo sobre la faz de la Tierra, no ha sido suficiente para muchos porque no han creído en él como debieron hacerlo; hasta el punto que, su propio pueblo, los judíos, lo mataron como quien mata un perro y ese fue el paroxismo de la comisión de pecados del que fuera su pueblo y la causa por la que Dios los desechó para siempre para constituirse para sí un nuevo pueblo que le adorase en espíritu y en verdad. Hoy también hay quienes matan a Dios y matan a Cristo; los desechan como cosa improductiva, irrelevante e intrascendente y al hacerlo, virtualmente lo matan porque, para ellos, no existen. Esos son los que no se persuaden, ni se persuadirán de la importancia de conceptualizar la existencia de nuestro Dios de manera primordial y segura. Los pecadores han subestimado el poder de Dios y en vista que siguen haciendo de las suyas, sin que nadie se les oponga, cada vez se muestran más y más desafiantes. Hacen concursos para obtener ideas que recuperen la economía y ofrecen una bicoca a cambio de ellas pero ellos se vuelven a llenar los bolsillos burlándose de nosotros.


Dios, en Sofonías, muestra su aborrecimiento contra quienes rinden pleitesía a las estrellas tratando de sacar lecturas imaginarias de acontecimientos futuros cuando Él nunca ha hablado por medio de las estrellas. Hay quienes compran diarios y revistas tan sólo para leer sus horóscopos; otros se juntan alrededor de quienes practican estas “artes” por los medios de comunicación, echando su “suerte” con ellos. No tienen ni recelo ni vergüenza de postrarse ante Dios y a la vez, jurar delante de dioses extraños que se inventan, atribuyéndoles cualidades, propiedades y poderes que no tienen porque no existen; pero aun así, se inclinan ante ellos. También predice la destrucción de todas las naciones por causa de su soberbia. Forman contubernios con el que menos, con total desvergüenza. Se fabrican “crisis” globales en donde ellos son los únicos beneficiarios. Azuzan a buenos vecinos para que contiendan entre ellos y luego les venden las armas para que combatan entre sí. Ya se sabe que también son traficantes de drogas y que “lavan” el dinero en sus sistemas financieros desde hace añales…….


De tres cosas acusa Dios a Jerusalén: De su rebeldía, de su contaminación y de la opresión que infringe a los más débiles. Así como en el pasado, así también hoy; porque para nadie en el mundo es un misterio que los miembros de la raza judía tienen, virtualmente, el dominio mundial de la economía y es por ello que se ha ensoberbecido hasta lo máximo, causando opresión a todos los pobres del mundo, desafiando, con altanería, a la mismísima ONU (Organización de Naciones Unidas) burlándose de las resoluciones que han tratado de frenarla, durante años, de la opresión directa infringida al pueblo de Palestina. En su obsesión por dominar el mundo no han tenido, ni tienen, escrúpulos en comprar voluntades, a nivel mundial, para alcanzar sus protervos fines. Quieren apropiarse del mundo y si mucho aprieta se van a declarar propietarios de la luna y del Sistema Solar. Inventan epidemias y pandemias para luego vendernos las medicinas con las que se hacen ricos en un santiamén. Ya no saben qué hacer. 

domingo, 31 de octubre de 2010

“........caían sobre él.......”


Nuestro señor Jesucristo fue un ser excepcional, a no dudarlo; un ser humano fuera de serie porque en él se albergaban todas las virtudes de Dios y es por eso que se le llama, por antonomasia, el Hijo de Dios. Cuando decimos Hijo de Dios, todos sabemos que nos estamos refiriendo a él y a ningún otro; sin embargo, nosotros, los cristianos, también somos hijos de Dios, con la salvedad que nosotros, a diferencia de él, sí pecamos. Esta es la salvedad que hace la gran diferencia entre nosotros y él; pero también la causa de nuestra admiración, respeto y devoción hacia Dios porque, estando inmersos en nuestros pecados, no escatimó en perdonarnos, cuando nos arrepentimos, para después constituirnos en sus hijos también.  Las implicaciones de ser hijo de Dios son diversas y todas buenas; de entre ellas destaca, en principio, ser depositarios de su gracia haciéndonos salvos de la condenación que se cierne sobre los que han pecado, pecan y seguirán pecando, hasta el momento de su retorno.
Todas las cosas que hizo nuestro señor Jesucristo no fueron escritas para la posteridad, sino tan sólo aquellas necesarias para brindarnos una cabal historia que fuera irrefutable acerca de lo que debe significar ser el Hijo de Dios. Nuestro señor Jesucristo anduvo por este mundo con la autoridad propia de los hijos de Dios pero él, con la de ser el primogénito. Todos los habitantes del mundo, que hasta hoy han sido, fuimos sujetos al pecado porque Dios, de esta manera, podía tener misericordia de nosotros. En este punto debemos aclarar que nosotros somos ángeles caídos que se plegaron a satanás en su rebelión celestial y fuimos arrojados a la tierra para tener una segunda oportunidad de reconciliarnos con Dios; pero nuestro señor Jesucristo siempre estuvo con Dios y era Dios, antes de ser Jesús. Siendo Jesús fue un ser humano como todos nosotros, pero sin pecado. Dejó de ser Dios en la Tierra.
A pesar de haberse despojado de su investidura de Dios, hizo numerosísimos milagros delante de la gente y todos no son mencionados en la Escrituras. Los milagros que hacía nuestro Señor, evidentemente, causaron admiración y respeto, tanto así que llegó un momento en el que, virtualmente, no podía moverse con libertad entre las personas y la gente (lo relatan las Escrituras) “…….caían sobre él…….”. Todos los milagros que hizo nuestro Señor pueden ser hechos por los hijos de Dios en la medida que asumamos, con fe, dicha categoría. Dios nos dice, por medio de Cristo, cómo quiere Él que nosotros seamos en nuestra vida terrenal y el cometido mayor del cristianismo es la de convertir a las personas en sus hijos, aunque es Dios quien, en última instancia, lo hace. Jesús recuperó la investidura de Dios al ascender a los cielos y nosotros nos conformaremos a Él en el arrebato.
Tanto quería, Jesús, dar gloria a nuestro Padre celestial, que reprendía mucho a sus benefactores para que estos no lo descubrieran y de este modo poder alcanzar a muchos antes de ser detenido por sus detractores. Los detractores de Jesús son los mismos ahora, como lo eran en aquel entonces y si nosotros somos fieles representantes de Dios, como él, no dudemos que a nosotros también nos querrán matar y nos matarán en la medida que nos hagamos evidentes por nuestra santidad que los denuncia escandalosamente. Jesucristo, con su poder, bien pudo conquistar el mundo y ponerlo a sus pies, como se lo propuso satanás; pero él no aceptó esa proposición porque esa no era su misión. La misión de Cristo era más profunda y sublime; la de entregarse a sí mismo en propiciación de nuestros pecados. Cristo murió en lugar de nosotros puesto que la comisión de nuestros pecados, solamente merece nuestra muerte más al arrepentirnos de los mismos, hacemos uso su sangre para salvación.

martes, 26 de octubre de 2010

“…….es seguro…….”


La carta a los hermanos de Filipos la escribió Pablo, con ayuda de  Timoteo y en ella quiere, por un lado, confirmar el estado espiritual de la congregación de Filipos y por el otro, animar a todos y recomendarlos en la observación del desarrollo de los acontecimientos, previniéndolos de quienes iban en contra de la fe, de una u otra manera. En el capítulo 3 les insta a seguir teniendo gozo en el Señor, a tener cuidado de los “perros”, los malos obreros y de los judíos cristianos que querían que, los gentiles que se acercaban al evangelio de Cristo, se circuncidasen. Les deja en claro que, tanto los gentiles de Filipos y él, son, realmente, la circuncisión hasta hoy; es decir, los que en el espíritu servimos a Dios desechando la confianza que los judeocristianos le daban a la circuncisión física. A sabiendas que los juedeocristianos se vanagloriaban de y en la circuncisión, describe una retahíla de características propias que poseía como judío convertido al cristianismo y que nunca usó sino para tapar la boca de aquellos.
Pablo asevera que, todas aquellas cosas de las que se podía vanagloriar delante de propios y extraños, él las estimaba como pérdida por amor de Cristo. La excelencia del conocimiento de Cristo Jesús hizo que Pablo considerase todas las cosas como pérdida y basura. En este punto cabe reflexionar si nosotros aun nos apoyamos de las cosas, propias del mundo, para sobrevivir. Ya no tenemos nuestra propia justicia o nuestra propia manera de ver las cosas. Hemos pasado a un mejor estado en donde ejercitamos la justicia de Dios que es en la fe de Cristo Jesús. Es la manera en la que le conocemos, que nos identificamos con él, en la que podemos concebir el poder de su resurrección de entre los muertos, en la participación de sus padecimientos hasta llegar a ser semejantes a él en su muerte, anhelando llegar a la resurrección de entre los muertos a causa de padecer lo mismo que él. Una de las razones primordiales por las que hemos sido escogidos por Cristo es la de padecer con él lo que él padeció.
Otra de las consideraciones, de carácter reflexivo, que debemos tener con respecto a nosotros mismos es el no pensar que hemos ascendido a alturas “inconmensurables” en donde, virtualmente, no podemos ser tocados por otros dentro de la Iglesia. En todo caso debemos ser humildes en ese punto para no caer en infatuación, lo cual es un pecado. El ejemplo de Pablo, para lograrlo, es el olvido de aquellas cosas en las cuales nos ufanábamos en el pasado y mantener fija la mirada en la meta a alcanzar, al llamamiento de Dios en Cristo. Si hay quienes se han considerado o se consideran perfectos, en aquello que se nos impone como método de vida y conducta, haríamos bien en pensar que no lo hemos logrado aun, como cuando se nos dice que nos consideremos como siervos inútiles porque sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer y nada de más.
Ponerse como paradigma de otros conlleva, en sí, una fortaleza increible pero no imposible de lograr. Pablo lo hizo y nosotros también lo podemos hacer porque, como dice el refrán: “…….las buenas palabras convencen, pero el ejemplo arrastra…….” Decir, como Pablo, “…….sed imitadores de mí…….” Conlleva una gran responsabilidad y un compromiso que beneficiará a muchos porque tendrán delante de ellos una referencia viviente y no una de alguien a quien no se puede ver en el presente. Los enemigos de la cruz están muy cerca de nosotros y no escatimarán en hacernos tropezar si les damos la más mínima oportunidad. Debemos recordar siempre que somos ciudadanos de los cielos y que vivimos con la esperanza puesta en Cristo nuestro Señor y Salvador, el cual vendrá para que estemos con él por la eternidad junto al Padre. Vamos a ser transformados en un abrir y cerrar de ojos a la final trompeta.

domingo, 17 de octubre de 2010

“…….se les descubren después……..”



El hombre, cuando niño, está bajo los cuidados directos de Dios y todas las circunstancias, en lo que respecta al uso de su voluntad, están regidas por Él. Pero el hombre crece y cuando lo hace, adquiere la facultad de razonar según la conciencia que Dios a todos nos da; hasta que viene el diablo y plantea lo contrario a los dictados de Dios. El resultado es que, indefectiblemente, el hombre cae de la gracia de Dios y deja de ser un niño inocente cuando se confronta, por primera vez, con la comisión del mal, es decir, cuando peca. Una vez que el niño transgrede, delante de Dios, haciendo su propia voluntad, en relación al mal; quien toma el control de la vida del niño, es el maligno.

El hombre no puede hacer nada, por sí mismo, para regresar a las manos de Dios, como cuando nunca pecaba. Al situarse bajo la sombra del pecado, también se pone bajo la maldición que Dios tiene preparada para todo aquel que transgrede, consuetudinariamente, hasta la muerte. Porque hay quienes, desde la primera vez, nunca más dejan de pecar porque son seducidos de sus propias concupiscencias y cometen con avidez toda suerte de pecado. De entre los que pecan, hay quienes se arrepienten y aceptan la invitación de Dios para regresar a su seno y vivir una vida santa hasta el fin. El hombre puede sentir la falta que le hace Dios porque, cuando se aleja de Él, Dios deja un vacío en el ser humano, que nadie ni nada puede llenar.

Los que piensan que están llenando ese vacío sin Dios, son aquellos que se conforman al mundo y creen que, siguiendo la corriente de pensamiento del mundo, tienen asegurado el “éxito” y muchas veces lo consiguen, no dándose cuenta que eso es una victoria pírrica. Virtualmente, todos hemos visto gente que “triunfa” y que, aparentemente, no tienen ningún tipo de contratiempo ni problemas. Ciertamente que hay quienes ocultan sus desvergüenzas porque tienen “vergüenza” que sean conocidas de todos, pero las siguen cometiendo pensando que “nadie” se da cuenta de las mismas cuando, en realidad, somos libros abiertos delante de Dios. Va a haber un juicio en donde compareceremos delante de Dios, en donde, la historia de nuestra vida, será puesta en la balanza del bien y del mal.

Es preferible que nuestro pecado se haga evidente en esta vida, para que nos avergoncemos verdaderamente y procedamos al arrepentimiento; antes que seamos descubiertos en nuestros delitos y no exista la posibilidad de un arrepentimiento sincero y mucho menos que podamos alcanzar el perdón. En 1 de Timoteo 5:24 se nos revela:“…….Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después…….” De modo que, absolutamente, nadie va a quedar con sus pecados encubiertos, a la hora del juicio; si llegó ahí sin haberlos cubierto, antes con la sangre preciosa de Cristo -quien murió por nosotros para que nosotros no sufriéramos la muerte de cruz, por causa de nuestros pecados- todo estará perdido.


Realmente no necesitamos que nuestro pecado se haga evidente para que procedamos al arrepentimiento; es preferible que se lo confesemos a Dios y a las personas afectadas

sábado, 16 de octubre de 2010

“…….amado mío…….”


Muchos son aquellos en quienes se ha depositado el amor de otros, mas de todos ellos, el más amado es, sin lugar a dudas, nuestro señor Jesucristo. Objeto del amor puro de su Iglesia, en quien se recrea formando y recorriendo vericuetos de armonía en la subliminación de sus sentimientos. Amar a Cristo es amar a Dios y visceversa; no amarlo es no haber conocido, nunca, el verdadero amor. Él nos ha amado desde el principio, nos ama hoy y no dejará de amarnos nunca porque nunca nos ha dejado de amar. El libro de Cantares, en la Biblia, nos relata el desarrollo de un amor puro entre dos jóvenes; su inclusión en el Cánon es la voluntad de Dios para que veamos la pureza del amor cuando tengamos que compararlo al descubrir la metáfora de la novia de Cristo como la Iglesia.
El más sabio de todos los sabios que sobre la tierra han; escribió el Cantar de los Cantares y en él describe, también, el sentimiento puro de la mujer hacia el hombre y en uno de sus versos dice Salomón, en lugar de la novia: “…….He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; nuestro lecho es de flores…….” Cantares 1:16. El ejercicio de extrapolar los versos de Cantares como si fuera la relación de Cristo y su Iglesia, es la mejor manera de conceptualizar el amor mutuo que nos profesamos Cristo y su Iglesia. Pero no tergiversemos los conceptos más allá de lo necesario o permitido. Nuestro señor Jesucristo nos invitó a amar a Dios por sobre todas las cosas del mundo, de modo que no podemos ir más allá sin quebrantar sus mandamientos. Nuestro amor a Dios debe ser más grande y esperar en Él.
Cristo, el judío maravilloso, cumplió su misión a cabalidad y gracias a Él, nosotros, los que no éramos pueblo, nos constituimos en el pueblo de Dios y esperamos su retorno como lo prometió. Tenemos miles de cosas en qué pensar y qué hacer, esperando su retorno pero, de las más sobresalientes, la meditación que le dispensamos, tratando de comprender a cabalidad la clase de amor que nos tiene y el gozo que sentimos al hacerlo, se convierte en regocijo que mantiene nuestra expectativa a tope. Recrearnos en lo fue su vida es un ejercicio constante que lo hacemos con naturalidad puesto que, en cada momento, lo evocamos como objeto preciado de nuestra vida. Todas las contingencias de la vida se resuelven en Él.
Él siempre está con nosotros por medio del Espíritu Santo de Dios y aunque todos nos abandonen, Él siempre permanece a nuestro lado infundiéndonos coraje y pundonor cuando estamos abatidos; gracia y alegría cuando el mundo se hunde a nuestro lado. Nos susurra lo mejor que podemos hacer y nos defiende del ardor de satán cuando pretende embaucarnos con su tentaciones que, al día, son mil. Estar en la gracia de Dios es un beneficio inefable que nadie podría explicar aunque viviera eternamente. Hay que sentirlo, hay que sopesarlo, hay que involucrarse en su gracia. Cuando venga entre las nubes será recibido por su novia, la Iglesia y nos fundiremos en uno con Dios para la eternidad. Nada en el mundo nos detendrá……. 

viernes, 15 de octubre de 2010

“…….encendió en Sion fuego…….”


Son numerosísimas las profecías que se han cumplido en relación con el pueblo histórico de Israel y de entre ellas, el fuego que consumió los cimientos de Sion por causa del pecado de sus profetas y las maldades de sus sacerdotes que derramaron la sangre de los justos. Actualmente, lo que necesitan hacer los israelíes, es estudiar, profundamente, las profecías que hablan de la venida del Mesías y confrontarlas con la historia de la presencia de Cristo en la Tierra. Son más de 300 profecías sobre Cristo que se han cumplido. No puede ser que la ceguera del pueblo de Israel prevalezca hasta hoy. Es imperativo volver a estudiar estas profecías y distinguir su cumplimiento en Cristo Jesús. Las facilidades que nos brindan los adelantos científicos de nuestra era puede facilitar este estudio entre todos Uds.
En Lamentaciones 4:11 “…….Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira; y encendió en Sion fuego que consumió hasta sus cimientos…….” Pero en el Nuevo Pacto, los judíos históricos pueden ser reinjertados del árbol del cual fueron degajados por su obstinación. Cuando nuestro Señor Jesucristo venga entre las nubes y todo ojo le vea, será muy tarde para los judíos porque serán sorprendidos en sus pecados y lo que Dios quiere es que procedan al arrepentimiento antes que sea demasiado tarde. Pensar que pueden restaurar, físicamente, el Templo de Salomón en su lugar original, es suicida porque, como todos sabemos, en ese lugar se encuentra la mesquita de Al-Aqsa, el tercer lugar más sagrado de los musulmanes. Destruirla equivale, tácitamente, al suicidio de Israel.
El sufrimiento del pueblo de Israel y de, virtualmente, todos los pecadores, siempre ha sido la disciplina que Dios les ha impuesto para que procedan al arrepentimiento. Muy pocos son los que pueden mirar el amor de Dios detrás de la disciplina y sin embargo, ahí está. Es sólo cuestión de meditar en la vida propia para ver si, lo que estamos haciendo, es del agrado de Dios o no. Este ejercicio se puede hacer también a nivel institucional y el Espíritu de Dios siempre nos guiará a las mejores reflexiones si invocamos su nombre en ese ejercicio. La historia secular de millones de hombres que han procedido al arrepentimiento de sus pecados y la historia de las instituciones que han rectificado sus rumbos, nos trazan el camino.
Les recomiendo, nuevamente, a todos los judíos del mundo: que confeccionen una página web privada y exclusiva para ellos, en donde establezcan un estudio pormenorizado de las profecías, acerca del Mesías, que se encuentran en el Antiguo Testamento, Pentateuco o Toráh. Puedo vislumbrar el acontecimiento histórico y bíblico de verlos, nuevamente, en la gracia de Dios para la eternidad reconociendo a nuestro señor Jesucristo como el Hijo de Dios prometido desde la antigüedad. Los días son malos y conviene aprovecharlos de la mejor manera y qué mejor que un estudio sobre el Mesías en donde se involucren, exclusivamente, los judíos de todo el mundo. Nosotros, los cristianos, estaríamos a la expectativa hasta el fin…….

jueves, 14 de octubre de 2010

“…….fuimos destruidos…….”

En los hechos históricos en donde la destrucción de un pueblo, como Israel, fue predicha con anterioridad, podemos ver el cumplimiento de las profecías como la confirmación del poder de Dios y la necesidad de obedecer sus dictados, so pena de sufrir lo mismo que aquellos sufrieron. Lo que habían hecho los judíos y que colmó la paciencia de Dios, es una retahíla de transgresiones que se sucedían una tras otra hasta el punto de hacerse costumbre. Pensaban iniquidad y maquinaban el mal haciendo uso de su poder. Codiciaban las heredades y casas y las robaban y tomaban. Oprimían al hombre, sus casas y heredades. Dios les prometió tiempos malos por esta conducta y los cumplió.
¿No están haciendo Israel lo mismo, hoy? ¿No están pensando iniquidades y maquinando maldades, usando su poder, contra el pueblo de Palestina? ¿No sabemos que codician las heredades y las casas de los palestinos, se las roban y toman para instalarse ellos ahí? ¿No oprimen a los palestinos, a sus casas y sus heredades? Y si están actuando, como actuaron hace siglos. ¿Piensan que no tendrán la misma retribución que tuvieron sus antepasados por hacer lo mismo? No se ensoberbezcan israelíes; como se profetizó en Miqueas 2:4 “…….En aquel tiempo levantarán sobre vosotros refrán, y se hará endecha de lamentación, diciendo: Del todo fuimos destruidos; él ha cambiado la porción de mi pueblo. !!Cómo nos quitó nuestros campos! Los dio y los repartió a otros…….” Así mismo les pasará ahora.
Todos los que, de una manera u otra, actúan con injusticia delante de sus semejantes, hoy; sean judíos, griegos o peruanos; todos recibirán su justa retribución porque Dios aborrece la maldad y no tolera la iniquidad de nadie. Los hombres tenemos toda una vida para darnos cuenta de la diferencia entre el bien y el mal y no crean que, quienes se han decidido a hacer el mal, van a salir incólumes en el día del juicio; no, no saldrán incólumes, sino que serán condenados por la eternidad a que permanezcan en el lago de fuego eterno preparado para ellos. Padecer por causa de nuestros pecados hoy, es para que procedamos al arrepentimiento y seamos salvos en el día postrero, pero si no nos arrepentimos y porfiamos, como los judíos, en seguir haciendo el mal, pereceremos.
Seamos sabios, observemos con detenimiento los acontecimientos mundiales y saquemos nuestras deducciones acerca de los tiempos del fin. Ya casi no hay tiempo para tomar nuestra decisión de seguir a Dios. Estamos en el umbral del fin del mundo; cada día más cerca y no hay marcha atrás. La maldad está contaminando, cada vez más, la sociedad mundial y las instituciones que nosotros pensábamos que serían la garantía de un mejor vivir, ya han sido penetradas por las huestes del mal y forman contubernios con todos los que facilitan consecutar sus protervos fines. No se diga, después, que no hubo quien nos advirtiera porque las señas, antes del fin, se hacen cada día más patentes. Tiempos peligrosos…….

miércoles, 13 de octubre de 2010

“…….derribaré esta torre…….”




Cuando el hombre, quien quiera que sea, establece una relación estrecha con el creador, adquiere características propias de Él que lo pueden conducir a grandes realizaciones. Un ejemplo resaltante lo establece Gedeón cuando perseguía a Zeba y Zalmuna, reyes de Madián. El ejército de los madianitas tenía 15,000 hombres y el de Gedeón tan sólo 300. La proporción era de 50 á 1; algo que, en estadística matemática y estrategia militar, nos indica que las desventajas de una confrontación son enormes y virtualmente, imposible. Tal era la confianza de Gedeón en Dios que no tuvo reparos en seguir a un ejército 50 veces mayor que el suyo, pero lo hizo y venció capturando a los reyes de Madian, a quienes perseguía.
Sin embargo, esto fue tan sólo una bicoca en comparación con lo que habían hecho anteriormente, al ponerle sitio al campamento del mismo ejército, quienes, atemorizados y confundidos, al ser sorprendidos de madrugada, se mataron unos a otros ciento veinte mil hombres que sacaban espada. La premisa había sido seguir las instrucciones de Dios. Fueron los mismos 300, bajo el mando de Gedeón, quienes hicieron esta hazaña, con la ayuda de Dios. Ningún ejército de 300 hombres puede vencer a un ejército de 135,000 soldados, no sin la ayuda de Dios. Cuando Dios pone su mano poderosa en cualquier empeño que quiera hacer el hombre, para alcanzar una meta, no hay nada ni nadie que se le resista.
Gedeón, mientras persegía a los reyes de Madián y al ejército que restaba; pasó por Peniel y fue desairado por sus gobernantes a quienes les amenazó diciendo: “…….Cuando yo vuelva en paz, derribaré esta torre…….” Jueces 8:9b. Los de Peniel no quisieron dar de comer al ejército de Gedeón y él, con la confianza que Dios le otorgó, sabía, a ciencia cierta, que vencería a sus enemigos y regresaría, como triunfador, recogiendo sus pasos y es por eso que, con toda la confianza del mundo, pudo decir lo que haría a su regreso y lo cumplió. Botó la torre que había dicho que botaría y mató a todos los de la ciudad de Peniel. El asunto en estos tiempos es preguntarse: ¿Qué quiero hacer? ¿Está Dios de acuerdo con mis planes? ¿Son mis planes los planes de Dios? ¿Quién se beneficia más con mis planes?
El mundo adolece de innumerables problemas y cada cual es más grande que el otro. En muchos, ni siquiera existe un viso de identificación del mismo y a pesar de ello, las gentes sólo tratan de solucionar su propio problema existencial, no dándose cuenta que, al amar al prójimo como a nosotros mismos, redundaría en el beneficio de todos por igual y viviríamos, verdaderamente, en un mundo feliz. Pero esa no es la realidad. El problema más grande de la humanidad es el pecado y por su causa la Tierra ya ha sido condenada a su destrucción. Dios sabe muy bien que el mal prevalecerá en este mundo y es por eso que ha determinado que todo sea destruido por el fuego. El problema del pecado no se acabará con el mundo porque los pecadores serán condenados por la eternidad a menos que se arrepientan…….

martes, 12 de octubre de 2010

“…….alcanzar la salvación…….”


Alcanzar la salvación es, en principio, conceptualizar que va a haber una destrucción y la destrucción se refiere a la finiquitación de todas las cosas que conocemos y esto engloba, virtualmente, al universo entero. Entonces, de la salvación que estamos hablando es de la salvación de la destrucción del mundo, en su conjunto y del universo también; pero, sobretodo, de la condenación eterna. Esto implica, tácitamente, que después de la destrucción del mundo va a haber y hay un lugar en donde estaremos los salvados y este lugar es uno en donde estaremos con nuestros cuerpos transformados; los cuales serán transformados en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta. En este lugar estaremos por la eternidad con Dios, Jesucristo y de todos aquellos que murieron en su gracia.
No es ajeno, para nadie, el hecho que los impíos están floreciendo como la hierba, por todas partes y estos piensan que tienen a Dios agarrado de las barbas. Tal es su contumacia y atrevimiento que ahora “se organizan” para retar a los mismos Estados para que se sometan a sus dictados y eventualmente lo harán porque coercitan, a los que tienen un mínimo de “poder”, para desarrollar sus protervos fines y ahora apuntan a ser, ellos mismos, los protagonistas; tal es la desvergüenza con que orondos se pasean. Ya de plano están descalificados, puesto que la historia está plagada de innumerables relatos de personas y organizaciones que quisieron hacer de las suyas en todos los planos de la sociedad y siempre fracasaron. Bien dice el salmista en Salmos 92:7; es para ser destruidos eternamente.
El poder de Dios nos guarda mediante la fe y vamos a alcanzar la salvación que está preparada para todos aquellos que creemos y actuamos en consecuencia de nuestra creencia. Hemos cifrado nuestras esperanzas en Él porque nos ha dado la garantía de un mejor futuro en la eternidad aunque ahora tengamos que “padecer” por nuestra consecuencia para con Él. El mundo no nos tolera porque nosotros no toleramos el mundo y los señalamos con nuestro ejemplo de vida, de manera que, muchas veces no tenemos ni qué hablar para decirles que existe una mejor forma de ser y de actuar. Si a nuestro señor Jesucristo lo mataron sin haber pecado nunca; nosotros no debemos ni podemos esperar menos si nos comportamos como Él. Somos guardados de no mezclarnos con los asuntos pecaminosos del mundo.
Una de las mejores seguridades que podemos tener, con respecto a sus cuidados, se encuentra en: 1 Pedro 1:5 “…….que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero…….” Este es el tiempo postrero en donde vemos el cumplimiento de sus profecías con respecto al fin de todas las cosas. Ud. Y nosotros podemos estar juntos esperando con ansias ese momento en el que se cumplirá la promesa de su salvación. Distraerse de la realidad que nos embarga es menospreciar su amor y solicitud para con nosotros. Nos espera con amor…….

lunes, 11 de octubre de 2010

“.......pesadumbre de su padre.......”


Aunque no todos somos padres, todos somos hijos. Habemos hijos buenos e hijos malos. Dentro de los malos y como un sinónimo, están los necios. De necio dice la RAE cuatro acepciones a saber: necio, cia.
(Del lat. nescĭus).
1. adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. U. t. c. s.
2. adj. Imprudente o falto de razón. U. t. c. s.
3. adj. Terco y porfiado en lo que hace o dice. U. t. c. s.
4. adj. Dicho de una cosa: Ejecutada con ignorancia, imprudencia o presunción.
a necias.
1. loc. adv. neciamente.
Esto pinta, por entero, el espíritu de quien lo es. Esta categoría de malo es, sobremanera, mala; porque no solamente afecta a quien lo es, sino a quienes lo quieren y es por eso que en Proverbios 17:25 dice: “.......El hijo necio es pesadumbre de su padre y amargura a la que lo dio a luz.......” y esto nos habla de la proyección de las consecuencias de serlo. Dicha afección, tan directa, virtualmente no tiene solución sino en Cristo Jesús y resulta ser, su persistencia, peor que una piedra en el zapato que nos pudiera mortificar de por vida. ¿Qué hacer frente a esta contingencia?
Todo depende del cuidado que le pongamos a la educación de nuestros hijos para que esta sea, en todo sentido, una educación cristiana. No todos pueden ofrecer este tipo de educación, sin embargo, es la mejor garantía para que nosotros, como padres, no tengamos pesares o amarguras por “colaborar en la educación” de un hijo necio. La necedad es el producto de la forja consuetudinaria del mal hábito de hacer, siempre, cosas malas. En esto es necesario tener mucho cuidado porque llega un momento en el cual, Dios, retira de la persona la conciencia, es decir, ya no la asiste más en el discernimiento del bien y del mal sino que la entrega a su propia concupiscencia para que cometa, con avidez, toda suerte de mal. La persona se vuelve en un necio irreversible. Alguien quien ya no tiene remedio.
Una vez conocí a una persona que me dijo que era ininputable delante de la ley. Yo lo reconocí porque, no hacía mucho, había salido fotografiado en un reportaje de una revista popular de mi país. En ella se estipulaba los delitos en los que había incurrido, que iban desde asalto a mano armada hasta asesinatos. Los jueces lo habían declarado ininputable; es decir, una persona a la que no se le puede atribuir ningún delito porque su condición psíquica era la de alguien que no podia diferenciar entre el bien y el mal. Algo así como tener “patente de corso” para hacer el mal. Un ser temible; pero la condición a la cual llegó, es de su responsabilidad. Él fue niño como todos, es decir, fue inocente como todos nosotros y también, como nosotros, pecó por primera vez, pero nunca paró y Dios lo degradó.
El necio no nace, el necio se hace. No es como el idiota, el oligofrénico o el mongoloide, no. Llegar a ser necio es una de las cosas más vergonzosas que le puede pasar a un ser humano y decirle necio a alguien (bien sea que lo sea o no) es un insulto de grueso calibre que no se lo deseo ni a mi peor enemigo; sin embargo, si es necesario decirle necio a alguien para traerlo a corrección, por ese motivo, se lo tenemos que decir. Quién sabe si mañana, más tarde, recapacite de su mal camino y torne sus ojos hacia Dios como alguna vez lo hicimos nosotros, los cristianos. Sería muy importante que, si nos reconocemos como necios delante de Dios; también pensemos en nuestros progenitores porque a ellos les estamos causando, principalmente, el pesar y la amargura por causa de nuestros actos inconcientes.  Dios existe y su hijo Jesús aboga por nosotros para que tengamos una vida de gloria en su presencia por la eternidad. No desperdiciemos esta oferta de estar a su lado compartiendo su señorío para siempre.


“.......la elegida.......”


La elegida, en el pasaje de 2 Juan 13 “.......Los hijos de tu hermana, la elegida, te saludan. Amén.......”; se refiere a la Iglesia local que, en el momento de escribir la carta a María -la madre de Jesús-, estaba con Juan. La elección, con la que hemos sido favorecidos los cristianos, no es fortuita, sino que obedece a un plan de Dios que ha sido estructurado a través de toda la historia de la humanidad. Haber sido elegidos por Dios es un privilegio idescriptible que nos habla del amor de Dios hacia nosotros, los seres humanos. Esta elección se ha realizado desde antes de la historia de los tiempos y se ha manifestado a todos los hombres de diferentes maneras, a través de la historia de los mismos. La paradoja es que, no todos los hombres han aceptado esta elección, hay quienes han renegado y reniegan de ella.
El asunto que se debe destacar, en este punto, es que Dios no ha obligado, no obliga ni obligará a nadie a rendirle pleitesía (aunque bien pudiera hacerlo); lo que quiere, más bien, es que cada cual preceda al arrepentimiento por voluntad propia y no coercitado por nadie, de manera que nadie pueda alegar, en su presencia, que esta ahí obligadamente. Es posible que, en algunas ocasiones, algunos hayan sido virtualmente “conminados” a ser cristianos, pero esa conminación o arrebato, es de carácter temporal. Dios lo permite porque, por causa de la debilidad de algunos, si no hubieran sufrido este tipo de “conminación”, nunca se hubieran acercado al Señor y no hubieran disfrutado, entonces, todos los beneficios que ello depara.
Toda la Iglesia de Cristo es la elegida y todos su hijos son quienes la conforman en el pasado, presente y futuro; es el lugar en donde están todos los elegidos que han aceptado la elección de Dios para con la humanidad; que no han renegado de ella sino que la han acogido con beneplácito y disfrutan de todas las prerrogativas que implica estar en su seno. La Iglesia es de Cristo, Él la fundó, Él es el dueño, Él se recrea en su seno, la cuida, la protege y se desposará con ella para siempre. Estar en ella es una ponderosa garantía de que seremos arrebatados a los cielos en los postreros días, en ella nos cuidamos los unos a los otros para no caer en descrédito delante de Dios. Entre sus miembros nos consideramos en el amor de Cristo.
 Actualmente hay innumerable instituciones en donde los hombres se recrean y soslayan según sus conveniencias o sus propias concupiscencias y no según Dios. El engaño de satanás ha cuajado hasta el punto de hacer creer a la gente que, en algunas instituciones, están haciendo un bien a la humanidad con la corriente de sus pensamientos que se convierten en vox pópuli, a pesar del engaño que encierran en su seno. De las peores cosas que podemos ver, en ese sentido, figuran congresos corruptos, consejos de ministros corruptos, “poderes” judiciales corruptos y hasta constituciones contaminadas con artículos que producen corrupción impune para quienes se advocaron a su constitución. Ya no es motivo de escándalo la comisión de delitos en los poderes del Estado de los Estados.......

sábado, 9 de octubre de 2010

“.......Despertad, borrachos.......”


Toda injusticia es pecado y beber alcohol es, actualmente, una injusticia; máxime, a sabiendas que el dinero que se gasta en ello, bien puede servir para contener, en parte, el hambre mundial. “Para muestra un botón”. En España se gastan más de 800 millones de dólares anuales en gastos sanitarios y sociales que giran alrededor del consumo indiscriminado de alcohol; no se diga del costo del alcohol, en sí mismo, sino que estamos hablando de los gastos provenientes de las consecuencias de beber alcohol desmesuradamente y estamos hablando de sólo un país. ¿También es necesario que estipule en qué se puede gastar el dinero despilfarrado? Cada cual sabe perfectamente en qué se pudiera gastar ese mismo dinero porque tenemos una conciencia que nos dice lo que es bueno y malo; salvo quienes no la tienen.
Los judíos fueron advertidos en su momento, en el Antiguo Testamento, de las consecuencias que tendrían sus pecados y de entre ellos se destaca a los bebedores inconcientes, a los borrachos. Las consecuencias de sus disoluciones fueron ejecutadas para que quedaran, históricamente, grabadas para la posteridad. Nosotros, en este tiempo, somos la posteridad; de manera que es por nosotros que se escribieron para que también nosotros quedemos advertidos, explícitamente, que nuestras borracheras y todos nuestros pecados, tendrán una consecuencia contundente que ninguno, en su sano juicio, quisiera padecer. Reza Joel 1:5 “.......Despertad, borrachos, y llorad; gemid, todos los que bebéis vino, a causa del mosto, porque os es quitado de vuestra boca.......
Cuando sufrimos, en cualquier circunstancia, hay quienes increpan a Dios retándolo y maldiciéndolo, diciendo que: “.......si Dios existiera, no hubiera sucedido esto.......” qué chistosos, a mi me da gracia que haya gente que se manifieste de esta manera desconociendo, olímpicamente, los atributos de nuestro Dios. Estos mismos, cuando están de jerga, hasta agradecen a Dios por el vino que toman; en otras palabras: quieren hacer lo que les da la gana y encima ir al cielo. Esto es una lástima, es incongruente e ilógico; pero, sin embargo, es seriamente sostenido por muchos. Casi todos hemos oído escuchar retahílas como: “.......yo trabajo, estudio, cumplo con mi hogar, me tomo mi traguito, de vez en cuando me “levanto” una chica, no le hago daño a nadie.......” Pero lo cierto es muy, muy diferente.
Hay quienes piensan que este tipo de personas debiera morir, no es el caso de los cristianos; nosostros no queremos que mueran los que no son cristianos; queremos, como Dios, que procedan al arrepentimiento, que vivan una vida santa y piadosa, que disfrutemos, juntos, de la presencia de Dios en nuestras vidas, que juntos soslayemos el pecado y sus consecuencias para disfrutar de las bendiciones que sólo están reservadas, cada día, para los que creemos. Eso sí, si desobedecemos, consuetudinariamente, las advertencies que reiteradamente nos hace Dios, a través de nuestras conciencias; ya no hay salvación sino que una.......